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Ya ha llegado el buen tiempo: ¡cuidado con las espigas!

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Posiblemente habrás visto en muchas zonas donde paseas con tu mascota unas plantas muy parecidas al trigo, con una flor en forma de espiga que inicialmente es verde y tierna y se convierte en una espiga dorada y seca cuando madura, separándose en pequeñas espiguillas al tacto. Por mucho que parezca inofensiva, puede convertirse en una verdadera pesadilla para nuestros queridos amigos peludos.
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Ya ha llegado el buen tiempo: ¡cuidado con las espigas!

El problema surge cuando un perro camina entra estas espigas, porque al descomponerse se transforman en decenas de flechitas vegetales que se clavan en el cuerpo de tu mascota. Seguramente tú también acabarás con alguna en los zapatos o en la ropa.

Si el pelaje de tu perro puede frenarlas, con suerte solo provocarán algún que otro enredo. No obstante, si entran por alguna cavidad natural (como las fosas nasales o las orejas), atraviesan el pelaje o se clavan en sus mucosas, avanzarán a través de la piel y los tejidos, el organismo animal reacconará ante este cuerpo extraño con una infección del oído, el ojo u otras partes del cuerpo. Muchos síntomas nos harán sospechar de ello, aunque quizás no de forma concluyente, y será el veterinario quien podrá confirmar su presencia mediante exámenes clínicos.

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas más habituales serán los que cabría esperar en caso de que un cuerpo extraño estuviera ocasionando molestias a tu mascota.

Estos pueden incluir estornudos fuertes y repetidos, por lo que parecerá que el perro no respira bien o que le cuesta respirar. También puede ladear o sacudir frecuentemente la cabeza y lamerse con insistencia algún espacio interdigital.

Asimismo, pueden producirse bultos en la piel del perro o supuración de alguna parte de su cuerpo acompañada de dolor, un parpadeo más frecuente de lo normal, el cierre de un ojo o un lagrimeo excesivo.

¿Qué deberías hacer ante la sospecha?

Aunque el cuerpo intente desintegrar las espigas, puede tardar mucho tiempo en conseguirlo, y entretanto la espiga sigue avanzando y causando estragos a su paso. Si entra por la oreja del perro, puede provocar una infección de oído al desplazarse por el canal auditivo, e incluso terminar perforando el tímpano. Si entra por un orificio nasal, podría llegar hasta la laringe o incluso las vías respiratorias bajas.

En caso de que atraviese la piel, puede crear una especie de túnel y llegar a cualquier parte del perro, incluso a zonas bien alejadas del punto de entrada original, como algún órgano interno del tórax o el abdomen.

Acude cuanto antes a tu veterinario para que determine cómo proceder. Esto podría incluir sedación o anestesia general para localizar y extraer la espiga, o incluso una intervención quirúrgica para extraer la espiga.

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